Cultura & Curiosidades

Cristina Zerr aborda en «La tormenta silenciosa» un fenómeno global como las migraciones desde el entorno más local posible

El film se centra en la figura de Fannie, nonagenaria tan preocupada por la pandemia como por el activismo de su nieto en el Sea-Watch. Todo, desde el pequeño Jabing, una localidad de apenas 700 habitantes.

“Nuestra contribución para conseguir una sociedad más justa empieza aquí y ahora, y no mañana o en un lugar extraño”, subraya la realizadora

“Para mí no existe una separación entre mi trabajo como cineasta y mi compromiso. No hay esa dualidad”

La tormenta silenciosa (Der Stille Sturm) es el tercer título incluido en el apartado de largometrajes de Canarias Cinema: una obra que firma Cristina Yurena Zerr Sarmiento, y que el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria proyecta en Cinesa El Muelle desde este domingo 24 de abril. La película, un documental de cuidada realización y miradas cercanas, se centra en la figura de Fannie, una antigua hospedera de 94 años que lucha contra el envejecimiento y la muerte en medio de una pandemia mundial. Su historia personal de migración a Canadá se entrelaza con los muertos olvidados en el Mediterráneo, razón por otra parte que mueve el activismo de su nieto: Jakob, que pasa una temporada en tareas de rescate marítimo de inmigrantes a bordo del Sea-Watch 4.


Lo que de entrada seduce al espectador es el escenario en donde Zerr sitúa su trabajo: Jabing, un pueblo con poco más de 700 habitantes en la región del Burgenland, en el Sur de Austria. Allí es donde se encuentra Fannie, y hasta ella es donde se acerca la cámara de la realizadora, que aborda desde el entorno más local posible las distintas caras que plantea un fenómeno global como el de la inmigración.


«Este trabajo empezó sin ninguna intención concreta», revela Zerr, quien apunta que «ni si quiera estaba la idea de hacer un documental del material que estaba grabando. La película fue creciendo poco a poco. Lo cierto es que empezar así, sin ninguna intencionalidad, al final te permite algo tan especial como poder grabar con una total amplitud de la mirada y con sinceridad. Algo que, a veces, se pierde cuando te planteas un proyecto más concreto desde el inicio».


«Aquí», añade, «comencé con la pura observación. No había ningún tema de fondo que me influyera (por ejemplo el de la migración): sólo quería retener de algún modo lo que estaba pasando delante de la cámara. «Con el tiempo se iban cristalizando los temas, iba siguiendo esas pistas que me interesaban». Aunque no fue «hasta la mitad del proceso cuando a Jakob y su activismo con el Sea-Watch. Me pareció curioso mostrar su compromiso No en el Mediterráneo, sino desde su casa en Jabing, y muchas veces desde la perspectiva de su abuela».


La realizadora propone una reflexión sobre un problema global desde un lugar como Jabing, con 700 habitantes. Fundamentalmente, porque está convencida de que “la conexión con nuestro entorno, con lo local, es esencial. Es ahí donde empieza el cambio. Pero obviamente”, añade, “en este mundo globalizado que vivimos, estamos también conectados con lo más lejano. Sea con una persona de Bangladesh que produce ropa que se vende en la tienda de al lado o con los bosques en Brasil que se destruyen por nuestro consumo de carne”.


Zerr asume que “vivimos en un mundo tan complejo que es difícil, casi imposible, solucionar problemas desde un punto de vista global. Esto provoca un sentimiento de impotencia, porque tantas son las injusticias, tan inmensa es la violencia y la opresión… En cambio, si nos enfocamos en lo local, y sin olvidar nunca que también hacen falta acciones estructurales globales a nivel político, vemos que hay muchas soluciones con las que podemos contribuir”.


La directora sostiene que “nuestra contribución para conseguir una sociedad más justa empieza aquí y ahora, y no mañana o en un lugar extraño. Sólo con un análisis global y una acción local vamos a adquirir una verdadera consciencia sobre la necesidad de un cambio radical en nuestra forma de convivir en este planeta”.


“En mi trabajo quería mostrar eso: si los estados siguen dejando morir personas que cruzan el Atlántico o el Mediterráneo, necesitamos verdaderamente organizaciones como Sea-Watch. Pero también hacen falta personas que puedan acoger a los que vienen, que les acompañen en este proceso tan difícil de construirse una nueva vida en otro lugar”, se extiende Zerr.

En La tormenta silenciosa la autora ofrece diferentes perspectivas sobre la religión y el cristianismo, “desde su lado tradicional e institucional hasta un punto más crítico. Hay”, apunta, “movimientos, partidos políticos y personas que dicen ser cristianos y que, sin embargo, no ven una contradicción entre su religión y el desprecio al migrante, por ejemplo”.


“Pero también, aunque temo que sea una minoría”, añade, “hay personas, movimientos e iglesias para los que ser cristiano significa acoger al que no tiene hogar y no dejar morir al otro, sin importar su nacionalidad o sus creencias”. En esa línea, observa que “la iglesia protestante alemana fue la mayor donante para el Sea-Watch 4. Y al mismo tiempo, el CDU/CSU -el partido demócrata-cristiano en Alemania- presiona para que los refugiados no lleguen a Europa.


“A veces”, sostiene Zerr en su discurso, “me sorprende la incapacidad que tenemos a la hora de hacer ciertas conexiones, de relacionar entre sí ciertas cosas. No ver que en las historias de una familia europea ha habido mucha migración hacia otros continentes por necesidad. Mis abuelos migraron de Canarias a Cuba por razones económicas. Fannie, la protagonista de The Silent Storm, emigró de Austria a Canadá en los años 50, porque Austria estaba destruida después de la guerra. Y aún así, hoy en día, el migrar por razones ‘económicas’ no se considera una necesidad reconocida. No hay un derecho de asilo, ni la posibilidad de visados. Obviamente, este rechazo se basa en ideologías racistas: pensar que una persona es inferior y no tiene los mismos derechos”.


“Esto lo vemos hoy si analizamos la situación en Ucrania; personas que huyen de las mismas bombas son rechazadas y no acogidas como las demás porque tienen un pasaporte de un país africano, como les ocurre a muchos estudiantes”, apunta la realizadora, que con este largo “no planeado” ha tardado menos tiempo en completar la producción, en apenas un año, que con otros trabajos “con los que llevo mucho más tiempo. Mi forma de trabajar va muy despacio a la hora de acercarme a lo que me interesa abordar”.


¿Hasta dónde cree Zerr que debe implicarse la mirada del cineasta? “Para mí no existe una separación entre mi trabajo como cineasta y mi compromiso. No hay esa dualidad”, afirma rotunda. «El trabajo artístico surge de preguntas que me mueven, de inquietudes personales, que siempre están conectadas con mi alrededor, con nuestra forma de vivir”.


La cineasta apunta que “el proceso para mí es igual de importante que la obra final. He elegido la cámara y el cine como mi herramienta, pero bien podría ser cualquier otra si pudiera preguntar, contar, reflexionar y observar el mundo en el que me encuentro”.


Cristina Zerr trabaja como fotógrafa y realizadora. Ha firmado con anterioridad el documental Of Saints and Rebels y el corto Von Mauern und Rissen. Grenzgedanken (De paredes y grietas). Es la primera vez que asiste al festival de Las Palmas de Gran Canaria, al que llega “con mucha curiosidad por conocerlo. He leído que Sean Baker vendrá a presentar su trabajo, lo cual me hace mucha ilusión. ¡Me encantó The Florida Project!»


El Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, organizado por el área de Cultura del Ayuntamiento de la capital grancanaria, a través de Promoción de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, cuenta con ayudas públicas del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) y del programa para la internacionalización de la cultura española, PICE Visitantes, de Acción Cultural Española (AC/E).

Entre los aliados destacados del certamen se encuentran Cinesa El Muelle, Centro Comercial El Muelle, Hotel Cristina by Tigotan, Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología o Casa África, espacios que también funcionan como sedes o acogen actividades de la cita cinematográfica; además de otras instituciones y entidades como Sagulpa, Audiovisuales Canarias, Music Library & SFX o el International Bach Festival. Asimismo, su mercado, MECAS, es posible gracias al patrocinio de la Gran Canaria Film Commission-Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria y al apoyo de Canary Islands Film y Proexca.

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Universidad del Atlántico Medio, el Clúster Audiovisual de Canarias, la Asociación de Cineastas de Canarias Microclima, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) y Repeople son entidades colaboradoras.

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